de los códigos personales como fotógrafa

Hacían 15 grados, el invierno me tenía cansada y hasta triste por momentos, el día amaneció perfecto. Llegamos de misa y de comprar unas cosas y les propuse un picnic! No solo el primero del año sino el primero en nuestro nuevo jardin de la Casita Verde, donde hemos estado ya muchas veces (sobretodo ellos brincando en su colchoneta!) pero no instalados con sol aún.

Busqué la manta, armé bandeja con frutas y mini wraps de hummus, queso y vegetales. Los dos se sentaron de espalda a la casa, de fondo el cielo estaba azul, la luz sobre ellos era perfecta, llegué me senté con una agüita de coco y mi wrap. Enseguida vino la idea: "la cámara!!! cómo no voy a capturar este momento?". Titubié, pero una parte de mi sabía que si me paraba el momento se iba a ir, entre buscarla, cambiar el lente y salir podía pasar cualquier cosa: que se les acabara el yogourt que se estaban comiendo, que les dieran ganas de hacer pipí, que me pidieran agua, que se fueran a brincar. "No!" me dije, me niego a perder este instante con ellos, quiero estar aquí el tiempo que dure.

Detrás de cada foto hay una realidad que quienes no son fotógrafos no ven, y es que muchas veces ese momento se va, incluso cuando tenemos la cámara lista al lado, porque no solo es tomarla sino luego pensar qué queremos hacer con ella, pensar si habrá quedado bien, querer ir a verla y editarla. Todo eso te distrae, y ni hablar de que muchas veces dicha foto implica también interrumpirles un poco la naturalidad de su momento.

Y sí, bastantes momentos de ellos los he capturado y lo disfruto muchísimo, no solo el recuerdo sino el momento de capturarlo como tal, pero amo también las veces donde no lo he hecho. Se trata de aprender a reconocer cuando hacerlo y cuando no, cuando salir con la cámara y cuando no.

Por otro lado, cuando si lo hago me esmero en no interferir en lo que ellos están haciendo, me pongo a un lado, casi escondida y capturo la mayoría de las veces algo mucho más natural y bonito. He respetado desde siempre su decisión de voltear o no cuando me ven, sin forzarlos jamás. La única excepción creo que con las foto de navidad, que me parece un recuerdo de sus caras y expresiones y les pido de manera sincera que vean a la cámara. Pero jamás he insistido demasiado cuando veo que es un no, y los protejo mucho de sobre exponerlos o sobre utilizarlos para mostrar mi trabajo como fotógrafa.

No es fácil, a nivel profesional es tentador tener a los modelos que me parecen más bellos en casa y no capturar cada momento mágico donde la luz y todo es perfecto, así como el mantenerlos hasta cierta medida en privado en redes sociales que tengo abiertas. Pero me satisface cumplir con mis límites y con mi código personal.






Comments

Popular Posts