la primera vez que lloré de frustración como mamá
Como ya les conté, la mudanza junto a los viajes estando embarazada y con un toddler fueron bastante intensos. Cuando volvimos del viaje de las navidades tenía por delante el último trimestre del embarazo y estaba decidida a dedicarme por completo a descansar y a concentrar finalmente todas mis energías (o las que Matías me permitiera) en mi segundo bebé. Los visualizaba como días de paseos cortos, de siestas cada vez que Matías durmiera, de lavar la ropita del bebé y preparar todo para su llegada.
Pensé que ya los días de cansancio y de hacer mil cosas habían pasado, hasta que Matías arrancó el nuevo daycare y con él vino la gripe más fuerte que le ha dado hasta ahora.
Guao! Tener un toddler pidiendo "upa upa" todo el día, unido a que Kaka ya está super full en el trabajo y casi siempre llega cuando el gordo ya está rendido no fue nada fácil. Lloré por primera vez de frustración, pero no de que se te aguan los ojos y ya. No. Lloré de verdad.
Matías estaba listo para dormir su siesta (y yo para hacer la mía) y seguía super inquieto con la nariz tapada, lloraba y lloraba, en una de esas se me ocurrió decirle "gordo quieres un poquito de leche?" (eso tiende a calmarlo a veces y como estaba comiendo poco sólido esos días era perfecto), le dije que ya volvía y se quedó tranquilo, llegué a la cocina, le armé su vasito de leche, abrí la nevera. No hay leche. Revisé por todos lados y nada. Matías comenzó a gritar "tete tete tete" cada vez con más desesperación. Afuera estaba lloviendo duro así que estaba descartada la idea de salir con él a comprar. Intenté dos o tres veces que se durmiera conmigo y se distraía, ya estaba demasiado cansado a punta de pataleta, lo ponía en su cuna, lo intentaba dormir conmigo, lo intentaba distraer con otras cosas, de nuevo a intentarlo dormir conmigo, a su cuna, a consentirlo... y así se fueron 4 horas de cansancio de ambos, de llantos, de pataletas (y con ellas la primera invitación de una mamá de la zona que tiene una bebé de la misma edad!).
En fin, fueron días complicados. Pensé que tendría esa fuerza interna que siempre he pensado tener para estar con él al 100%, cargarlo, apurruñarlo, consentirlo todo el día, pero simplemente mi energía a estas alturas del embarazo no es la misma, mi cuerpo me exige descansar y lo que es peor... el sentimiento de culpa... ese es un tema para otro post, pero si alguna de las que me lee es mamá de dos o 3 creo que me puede entender, ese sentimiento de "quiero dedicarle a este embarazo la misma entrega y energía que al primero". No puedes. Simplemente es imposible. Tu bebé te demanda muchísimo, y si está enfermo aún más.
Como todos, son retos que superamos, que nos recuerdan que somos de carne y huesos y que por más que queremos ser súper héroes para nuestros hijos tenemos limitaciones y hacemos simplemente lo mejor que podemos.
Pensé que ya los días de cansancio y de hacer mil cosas habían pasado, hasta que Matías arrancó el nuevo daycare y con él vino la gripe más fuerte que le ha dado hasta ahora.
Guao! Tener un toddler pidiendo "upa upa" todo el día, unido a que Kaka ya está super full en el trabajo y casi siempre llega cuando el gordo ya está rendido no fue nada fácil. Lloré por primera vez de frustración, pero no de que se te aguan los ojos y ya. No. Lloré de verdad.Matías estaba listo para dormir su siesta (y yo para hacer la mía) y seguía super inquieto con la nariz tapada, lloraba y lloraba, en una de esas se me ocurrió decirle "gordo quieres un poquito de leche?" (eso tiende a calmarlo a veces y como estaba comiendo poco sólido esos días era perfecto), le dije que ya volvía y se quedó tranquilo, llegué a la cocina, le armé su vasito de leche, abrí la nevera. No hay leche. Revisé por todos lados y nada. Matías comenzó a gritar "tete tete tete" cada vez con más desesperación. Afuera estaba lloviendo duro así que estaba descartada la idea de salir con él a comprar. Intenté dos o tres veces que se durmiera conmigo y se distraía, ya estaba demasiado cansado a punta de pataleta, lo ponía en su cuna, lo intentaba dormir conmigo, lo intentaba distraer con otras cosas, de nuevo a intentarlo dormir conmigo, a su cuna, a consentirlo... y así se fueron 4 horas de cansancio de ambos, de llantos, de pataletas (y con ellas la primera invitación de una mamá de la zona que tiene una bebé de la misma edad!).
En fin, fueron días complicados. Pensé que tendría esa fuerza interna que siempre he pensado tener para estar con él al 100%, cargarlo, apurruñarlo, consentirlo todo el día, pero simplemente mi energía a estas alturas del embarazo no es la misma, mi cuerpo me exige descansar y lo que es peor... el sentimiento de culpa... ese es un tema para otro post, pero si alguna de las que me lee es mamá de dos o 3 creo que me puede entender, ese sentimiento de "quiero dedicarle a este embarazo la misma entrega y energía que al primero". No puedes. Simplemente es imposible. Tu bebé te demanda muchísimo, y si está enfermo aún más.
Como todos, son retos que superamos, que nos recuerdan que somos de carne y huesos y que por más que queremos ser súper héroes para nuestros hijos tenemos limitaciones y hacemos simplemente lo mejor que podemos.


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