gracias por todo, double buggy
Recuerdo como si hubiese sido el mes pasado el día que fui a buscar el coche doble con Matias. El fin de semana lo habíamos ido a ver los 3 y luego entre semana quedé en ir a buscarlo con él. Era la primera vez que salía con Matías caminando lejos y en autobus sin coche, para poder regresar con el nuevo. Estaba tan ilusionada, siempre veía con emoción esas mamás con hermanitos seguidos en coches dobles y ahora iba a ser yo una de esas. Una compra especialmente importante en una ciudad donde nos movemos sin carro.
Recuerdo clarito la primera salida con los dos, al comienzo Benjamin iba abajo en una cunita tipo moisés y Matías arriba, él casi ni sintió el cambio, era como ir en su coche de antes (pero con un bebé abajo!), las primeras salidas fueron al automarcado y al museo, fuimos con mi papá y mi mamá, que estaban aquí de visita. Unas semanas después, cuando ya el moisés le comenzó a quedar chiquito, conseguí los adaptadores de la sillita del carro y entonces iba el bebé arriba en la sillita de carro y Matías abajo, así lo usamos por mucho tiempo. Era lo máximo. Ver a mi bebé dormido feliz de frente y abajo Matías emocionado señalándome todo lo que veía, lo mejor para él era estar más cerca del piso para ver los caracoles que tanto le gustaban, o poner un carrito cerca de la rueda del coche, una nueva perspectiva de las cosas para él. Un día por una pataleta le metió la mano en la rueda y terminamos en emergencia de rayos x descartando que fuera fractura. También se me volteó una vez que Matias salió corriendo, mi primer susto como mamá de dos. Pero son infinitos más los recuerdos bonitos.
El coche doble fue divino para mi. Si, era a veces incómodo de manejar, pero era rico poner ir con mis pulguitas ahí dentro, llevándolos a mi ritmo, contándoles y mostrándoles cosas, escuchándolos, viéndolos, sitiendolos tan chiquitos (y tan míos!) Cuando Matías tenía como 3 y medio comenzó a usarlo menos, eran más las salidas en patineta que montado en el coche, como a los 3 y 10 meses lo dejó por completo.
Justo antes de comenzar a escribir esto lo puse en venta. Tenemos ya casi 6 meses sin usarlo y creo que una parte de mi no lo quiere dejar, me costó un monton terminar de publicarlo. Aquí está, al lado de mi cama, en el único lugar donde en teoría no molesta a nadie ni está atravesado, pero si lo está, ya no lo usamos, se convirtio en un perol más. Los recuerdos quedaron en nuestra cabeza, en las fotos, en la memoria de los días divinos con mis pulguitas, llevándolas a donde fuera, pasando roncha con esas caminatas larguísimas de Colliers Wood a Wimbledon, pidiendo ayuda en las escaleras de las estaciones que no tienen ascensor, en la planta baja de Dreatnough Close donde lo estacionaba (antes de salir lo buscaba, lo ponía en la puerta de la casa, sentaba a mi bebé en su sillita, y cuando ya estabamos listos entonces salíamos, con pañalera guindada, con vaso de café listo, con mi Matías caminando un ratico, para sentarlo apenas "lleguemos a donde están los carros!", caminábamos atravesando el jardín del edificio, ese que a veces tenía basura y nos chocaba, pero ese mismo donde una vez me los conseguí con su papá jugando football y casi muero de la emoción, y ese mismo donde una tarde hice "picnic" con cartas de Toys Story, galletas de arroz y mandarinas... ese día vi que la mandarina tenía un guequito con un gusano y me emocioné muchísimo de mostrarle el caterpillar dentro comiendo dentro de una fruta a mi Matias, ahhhhh!!! dígame cuando te lavábamos en el jardinsito frente la casa, era un plansazo para Matias, y para mi mientras Ben jugaba en su babygym a unos metros de nosotros.
Gracias coche, tus recuerdos me sacan lagrimas de nostalgia y de felicidad.
Recuerdo clarito la primera salida con los dos, al comienzo Benjamin iba abajo en una cunita tipo moisés y Matías arriba, él casi ni sintió el cambio, era como ir en su coche de antes (pero con un bebé abajo!), las primeras salidas fueron al automarcado y al museo, fuimos con mi papá y mi mamá, que estaban aquí de visita. Unas semanas después, cuando ya el moisés le comenzó a quedar chiquito, conseguí los adaptadores de la sillita del carro y entonces iba el bebé arriba en la sillita de carro y Matías abajo, así lo usamos por mucho tiempo. Era lo máximo. Ver a mi bebé dormido feliz de frente y abajo Matías emocionado señalándome todo lo que veía, lo mejor para él era estar más cerca del piso para ver los caracoles que tanto le gustaban, o poner un carrito cerca de la rueda del coche, una nueva perspectiva de las cosas para él. Un día por una pataleta le metió la mano en la rueda y terminamos en emergencia de rayos x descartando que fuera fractura. También se me volteó una vez que Matias salió corriendo, mi primer susto como mamá de dos. Pero son infinitos más los recuerdos bonitos.El coche doble fue divino para mi. Si, era a veces incómodo de manejar, pero era rico poner ir con mis pulguitas ahí dentro, llevándolos a mi ritmo, contándoles y mostrándoles cosas, escuchándolos, viéndolos, sitiendolos tan chiquitos (y tan míos!) Cuando Matías tenía como 3 y medio comenzó a usarlo menos, eran más las salidas en patineta que montado en el coche, como a los 3 y 10 meses lo dejó por completo.
Justo antes de comenzar a escribir esto lo puse en venta. Tenemos ya casi 6 meses sin usarlo y creo que una parte de mi no lo quiere dejar, me costó un monton terminar de publicarlo. Aquí está, al lado de mi cama, en el único lugar donde en teoría no molesta a nadie ni está atravesado, pero si lo está, ya no lo usamos, se convirtio en un perol más. Los recuerdos quedaron en nuestra cabeza, en las fotos, en la memoria de los días divinos con mis pulguitas, llevándolas a donde fuera, pasando roncha con esas caminatas larguísimas de Colliers Wood a Wimbledon, pidiendo ayuda en las escaleras de las estaciones que no tienen ascensor, en la planta baja de Dreatnough Close donde lo estacionaba (antes de salir lo buscaba, lo ponía en la puerta de la casa, sentaba a mi bebé en su sillita, y cuando ya estabamos listos entonces salíamos, con pañalera guindada, con vaso de café listo, con mi Matías caminando un ratico, para sentarlo apenas "lleguemos a donde están los carros!", caminábamos atravesando el jardín del edificio, ese que a veces tenía basura y nos chocaba, pero ese mismo donde una vez me los conseguí con su papá jugando football y casi muero de la emoción, y ese mismo donde una tarde hice "picnic" con cartas de Toys Story, galletas de arroz y mandarinas... ese día vi que la mandarina tenía un guequito con un gusano y me emocioné muchísimo de mostrarle el caterpillar dentro comiendo dentro de una fruta a mi Matias, ahhhhh!!! dígame cuando te lavábamos en el jardinsito frente la casa, era un plansazo para Matias, y para mi mientras Ben jugaba en su babygym a unos metros de nosotros.Gracias coche, tus recuerdos me sacan lagrimas de nostalgia y de felicidad.


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